17 ago. 2015

En Almoloya, Caro Quintero "El Narco De Narcos" Se Encontró Con Su "Diablo"



Frente a él, Juan Pablo de Tavira era el diablo en persona, especialmente porque nunca después volvió a tener la tranquilidad y las comodidades que pudo pagar en el Reclusorio Norte.

La voz de Juan Pablo de Tavira era firme: "A partir de ahora no eres Rafael, eres un número más", mientras que Caro Quintero, con su rostro y cuerpo, le demostraba que no se iba a dejar intimidar.

Pero tampoco lo haría Juan Pablo de Tavira, y mientras más resistencia ponía Caro Quintero, la decisión del entonces director del penal de alta seguridad era demostrarle que ahí no podría hacer nada que no se le ordenara, que su reinado había terminado.

Tras la negativa del capo a entender las reglas, la orden de Juan Pablo de Tavira fue clara: "Te vas al hoyo, hasta que aprendas".

Y antes de ser llevado al área de castigo del penal de alta seguridad, el narcotraficante alcanzó a decir: "Estás viviendo horas extras. Estás respirando horas extras".

Así comenzó la amenaza de Caro Quintero, uno de los primeros internos que llegó al penal de alta seguridad en Almoloya.

Los tres meses que pasó en el área de castigo dieron resultado: tras el primer mes se negó a acatar órdenes y permaneció otro mes más, pero al tercero salió visiblemente demacrado, con algunas secciones del cabello canoso y la decisión de que De Tavira no viviría mucho tiempo.

Juan Pablo de Tavira solía contar cómo había sido el único en enseñarle a Caro Quintero que en la vida había reglas y consecuencias, de cómo solía ingresar al módulo uno en el penal para observar lo que hacía el narcotraficante, quien constantemente pintaba crucifijos al óleo e invariablemente le recordaba al director que respiraba horas extras.

La esposa del capo, enfundada en un abrigo de pieles, bajaba de su Mercedes Benz conducido por un chofer, para mostrar los cuadros al óleo pintados por su marido, a los reporteros que permanecían en espera de ingresar a las audiencias del caso Colosio y Ruiz Massieu.

De todos esos movimientos conocía De Tavira, como de vez en vez le enseñaba -a su manera- a Caro Quintero a no volver a rebelarse, y las amenazas comenzaron a escalar.

Un intento de asesinato en su casa de la carretera México-Toluca, donde ahora se observan tres restaurantes, hizo que De Tavira endureciera su actitud con Caro Quintero y la guerra entre ellos, decía el director del penal, terminaría con uno de ellos muerto.

El 21 de noviembre de 2000, después de participar en un evento en un centro universitario en Hidalgo, mientras estaba en la cafetería de la escuela, Juan Pablo de Tavira fue asesinado por un hombre.



Caro Quintero atraía con joyas a chicas

En las fiestas, las pistolas, diamantes, cocaína, destacaban sobre las mesas, como buffet, con diversos platillos

Impresionaban los desfiles de veinteañeras como maniquíes, las esclavas de oro con diamantes extravagantes, los trajes impecables de los hijos de los traficantes, educados en las mejores escuelas de Culiacán

MÉXICO, D.F.- Llegó con un anillo de diamantes. "Quien me trate bien se lo queda". Era gordo, feo, naquísimo, pero a las jóvenes beldades invitadas al cumpleaños les brillaron los ojos. Primero le ofreció el anillo a Bárbara, una sonorense temperamental que había llegado a Mazatlán en 1984. "Traje esto para la que se porte bien", le dijo el hombre. "Uy, me queda muy grande", respondió ella, dándose media vuelta. De inmediato, Lola -guapísima, con cuerpo espectacular, una niña de buena familia que no necesitaba dinero- le pescó el anillo. No le quedó en el dedo anular, sino en el índice. "Y él, fascinado", recuerda mi entrevistada. Nunca antes se habían visto. "Las mujeres se exhibían como si estuvieran en aparador para ser elegidas. La ambición las devoraba", dice Bárbara, que en ese periodo conoció a los traficantes Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero. Enumera detalles de sus fiestas: las pistolas, los diamantes, la cocaína sobre las mesas, el desfile de veinteañeras como maniquíes, las esclavas de oro con diamantes extravagantes, los trajes impecables de los hijos de los traficantes, educados en las mejores escuelas de Culiacán.

FIESTAS TREMEBUNDAS

Lo extraordinario se recuerda siempre. Bárbara no tocaba el tema desde 1986, cuando se instaló en el puerto gracias a Susana, ex condiscípula del hijo de un capo. Bárbara tenía abundantes cabellos castaños, boca bien dibujada y ojos de larguísimas pestañas, capaces de sostener un cigarro Baronet. Cumplía 21 años. "Desgraciadamente éramos empleadas de la ex amante de uno, dueña de una tienda lujosa, puesta, obvio, con dinero del narco. Nos caían todos. El capo aquel era propietario de un antro, que era una palapa con piso de madera donde un día me sacó a bailar". Le impresionaban sus fiestas. Muchas duraban 24 horas, hasta que el trompetista tenía la boca floreada. Una vez, Caro Quintero sacó la pistola. "De aquí nadie sale hasta que yo lo diga". Ella se quedó petrificada. "Eran fiestas tremebundas, y debía ir". Su refugio fue observar. Los hombres platicaban sobre sandeces. Bromeaban. Sólo mencionaron el "negocio" delante de las mujeres cuando detuvieron a Caro Quintero en Costa Rica, el 4 de abril de 1985. En la fiesta del sábado siguiente, se criticó mucho la aprehensión. Pero más se bromeó sobre una muchacha, presunta sobrina de un aspirante a gobernador de Jalisco, que estaba en la cama con él cuando llegó la policía. "¡Ay, se robó a la plebe!", exclamaban entre risas. Después de la detención, todo se hizo más discreto.

Los narcos llegaban a buscarlas porque no los iban a delatar. Se quedaban una semana y "ni nos tocaban". A Lola se la llevaron a Estados Unidos. Allá sí los encarcelaban.

No podían ser extravagantes. No salían. Ella iba sola a los centros comerciales. Se aburría. Las fiestas disminuyeron, "pero los Arellano Félix seguían yendo tranquilos a la playa. Lo único: no les gustaba que les pidieras dinero. Eso sí no".

HIJO DE UN NARCO

Bárbara no sabía que Caro Quintero era uno de los narcotraficantes más buscados por la DEA. Una vez fue a tomar un café con una compañera. "Nomás vente bien vestida". De pronto, Bárbara se vio sentada entre señoras muy enjoyadas. Eran esposas de narcos. Hablaron de cosas de mujeres, como la crianza de los niños: "¿Cómo le pones límites a un adolescente, si está viendo que su papá hace fiestas de 24 horas o se droga?" Nada de eso podía ocultarse.

Bárbara tuvo un pretendiente, un cliente de cuando vendía tiempos compartidos. Llegó y pagó de contado. En dólares. "Vamos a celebrar". La venta tenía buena comisión, y ella aceptó. Ya en la cena, él quería amor eterno. Se dijo agricultor. "¿Qué siembras?", preguntó ella. Él volteó, burlón: "Pepinos, zanahorias". Ella se rió. Él empezó a visitarla, a fijarse en el refrigerador casi vacío. "Una vez me dio mil pesos, unos 10 mil de ahora. Compré lo que necesitaba y mucho más". Después, él le dijo que era hijo del narcotraficante Perengano. Una noche llegó pasado de copas y se quedó dormido. En la mañana, ella le hizo un caldo de verduras, unos chilaquiles picosos. Compró cervezas. "Para él fue un súper detalle, porque todo mundo les sacaba dinero a los narcos. Después, comimos en un restaurante. Había ley seca y convencí al mesero de que nos sirviera cerveza en tazones de sopa. Eso se le hizo otro detallazo. No era algo especial, así soy, pero él se derretía. Tendría unos 35 años. Me propuso matrimonio al día siguiente. Quería un hijo. Le dije que ni lo conocía. Pero para él ya nos habíamos tratado lo suficiente. "'¿Qué quieres de la vida? Yo te lo doy. Donde pongo el ojo pongo la bala'. Vi que hablaba en serio. A los pocos días me regresé a Sonora. Fue el momento".

IDENTIDAD OCULTA

Baja la vista. Conserva las pestañas, su seña de identidad entre los traficantes. Problemas de salud la traen de capa caída; tiene sobrepeso y ovarios con alguna disfunción. Ella no se da cuenta, según relata su hija. En la pared hay una foto donde luce joven y radiante. Suspira hondo, se oprime con suavidad el vientre -"aquí siento las emociones"- y, con una risilla bailándole en los labios, me confronta con su acento norteño: "Te la creíste, ¿verdad? ¡Yo no me llamo Bárbara!" Luego se pone muy seria: "Pero todo lo demás que te conté es cierto".

(Este texto fue publicado en el libro "Cuando llegaron los bárbaros...Vida cotidiana y narcotráfico" (Planeta, 2011)



"El R-1" ofreció pagar la deuda externa

MÉXICO, D.F.- Cuenta la leyenda, que tras ser detenido en 1985, Rafael Caro Quintero ofreció pagar la deuda externa de México -80 mil 99 millones de dólares entonces- si se le dejaba en libertad, aunque otras versiones agregan que pidió a cambio, además, dejarlo seguir vendiendo mariguana.

Rafael Caro Quintero nació el 3 de octubre de 1952, en Badiraguato, Sinaloa. Contaba con 33 años de edad cuando se le aprehendió el 4 de abril de 1985 en Costa Rica, de donde se le deportó posteriormente a la Ciudad de México.

Conocido también como "El R-1" o "Don Rafa", Caro Quintero es el mayor de cuatro hermanos y dos hermanas, mientras que su padre -se dice- era un campesino pobre. Rafael abandonó su casa a los 18 años, buscó emplearse en Culiacán, donde trabajó brevemente como chofer de un camión.

FORMARON EL CÁRTEL DE GUADALAJARA

Después, empezó a sembrar pequeñas porciones de mariguana en pequeñas parcelas con su hermano Jorge Luis, para posteriormente ampliar el negocio a niveles realmente grandes con ingresos de igual tamaño. En ese camino, se asociaría con su tío, Ernesto Fonseca, "Don Neto", y con Juan José Esparragoza, "El Azul", un ex agente de la Policía Judicial Federal que continúa prófugo y en la lista de los más buscados en Estados Unidos.

También fue cercano colaborador de Miguel Ángel Félix Gallardo, el zar de la cocaína en México, y pronto los tres (Caro, Fonseca y Gallardo) formaron el cártel de Guadalajara.

En esos días, dos eventos se conjugarían para derivar en la caída de Caro Quintero: su relación amorosa con Sara Cristina Cosío Gaona, hija de un ex secretario de Educación de Jalisco y sobrina del ex gobernador del mismo estado, el priísta Guillermo Cosío Vidaurri, así como el homicidio y tortura de Enrique "Kiki" Camarena Salazar y Alfredo Zavala Avelar.

LA FURIA DE CARO

En noviembre de 1984, cientos de guardias vigilan las bodegas del rancho El Búfalo, donde hay mariguana cosechada en casi mil hectáreas, cuya producción anual la PGR calculó en 8 mil millones de dólares. También están cerca de 10 mil campesinos jóvenes, enganchados para cultivar mariguana.

Alfredo Zavala Avelar, un piloto de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), avista el enorme plantío desde el aire. Lo que ha observado, es transmitido después a la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). El 6 de noviembre de 1984, policías decomisan 8 mil 500 toneladas de mariguana que hay en las bodegas y 2 mil 400 que aún brotan en el campo.

En medio de la furia del narcotraficante contra la DEA, la noche del 30 de enero de 1985 son asesinados en Guadalajara dos ciudadanos estadounidenses, Alberto Radelat y John Walker. Gente de Caro Quintero los confunde con agentes antidrogas. Luego, el capo ordena enterrarlos en el Parque Primavera, una gran área pública de Guadalajara.

SECUESTRAN Y MATAN A CAMARENA

El 7 de febrero de 1985, en diferentes horarios, Camarena Salazar y Zavala Avelar son secuestrados. Los cuerpos de Camarena y Zavala aparecen un mes después del secuestro en un rancho llamado El Mareño, en el kilómetro 36 de la carretera Zamora-La Barca, a unos 100 kilómetros de Guadalajara.

El 8 de marzo de 1985, Caro se roba a Sara Cosío en las calles de Guadalajara. Su familia denuncia el plagio, pero el narcotraficante alega que ella lo sigue hasta Culiacán.

Una llamada de Cosío a su casa, para decir a sus padres que está bien, permite a la DEA tener el número de origen de la llamada. Viene de un lugar cercano a San José, Costa Rica. Caro Quintero es detenido el 4 de abril con su novia.

Tras la captura de Caro Quintero, derivado de sus declaraciones, es detenido el comandante de la Policía Judicial Federal, Jorge Armando Pavón Reyes, quien estuvo a cargo de la investigación del caso Camarena. Se le procesó ya que presuntamente el capo le pagó 60 millones de pesos para que en marzo de 1985 le permitiera salir del Aeropuerto Internacional de Guadalajara.

El mando policiaco quedó sujeto a proceso, pero al final fue absuelto del delito de cohecho. Murió en noviembre de 2006 cuando intentaba limpiar su nombre, al ser implicado en el asesinato de Camarena Salazar.

TENSIÓN ENTRE DOS PAÍSES

Agentes de la DEA detuvieron el 2 de abril de 1990 al doctor Humberto Álvarez-Machaín, acusado de participar también en el secuestro y crimen del agente Camarena. La aprehensión fue ilegal, fue privado de la libertad y sin procedimiento de extradición fue trasladado en un avión a El Paso, Texas, para ser procesado en tribunales de EU.

El gobierno de México acusó que en este caso se violó el derecho internacional y se trasgredió el tratado de extradición bilateral, lo que provocó también momentos de tensión entre ambos países. El 14 de diciembre de 1992 fue liberado por órdenes de una Corte estadounidense, que ordenó su regreso a México. Logró una indemnización, ya que nunca se comprobó su participación en los hechos.

En septiembre de 2012 en una cárcel de Estados Unidos falleció Rubén Zuno Arce, cuñado del ex presidente Luis Echeverría Álvarez, quien purgaba una condena por el asesinato de Camarena, tras su detención en Texas en 1989, ya que se le imputó tener nexos con el cártel de Guadalajara.

GUERRA DIPLOMÁTICA

El titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Sergio García Ramírez, estaba al frente de la dependencia cuando se registró el crimen de Camarena. Cuando se logró la aprehensión de Caro Quintero, sostuvo que serían las autoridades mexicanas las que lo enjuiciarían, a pesar de la presión del gobierno de Estados Unidos para que les fuera entregado. Personajes como John Gavin, embajador de EU en México, o el jefe de la DEA, William French Smith, acusaron a las autoridades mexicanas de no investigar con celeridad y profesionalismo el secuestro de Camarena, e incluso se enviaron notas diplomáticas al entonces canciller, Bernardo Sepúlveda y al procurador García Ramírez, para que el gobierno actuara con celeridad en este caso.

Recientemente, la DEA reiteró que continuará sus esfuerzos por lograr que Caro Quintero afronte cargos por homicidio en Estados Unidos.

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